La lengua es el instrumento por excelencia del
aprendizaje y la comunicación. Tanto las lenguas maternas como las lenguas
extranjeras forman parte del bagaje vital de las personas en una sociedad
desarrollada y compleja, en la que las relaciones entre individuos,
países, organismos y corporaciones se hacen cada vez más frecuentes,
estrechas y necesarias. En la medida en que ese bagaje comprenda
conocimientos, destrezas y actitudes en diversas lenguas, adquiriendo un
perfil plurilingüe e intercultural, el individuo estará mejor preparado
para integrarse y participar en una variedad de contextos y situaciones
que supongan un estímulo para su desarrollo, disponiendo así de mejores
oportunidades en los ámbitos personal, público, educativo u ocupacional.
En dichos contextos y situaciones de comunicación real, la lengua habrá de
utilizarse para realizar o acompañar acciones con diversos propósitos, por
lo que el presente currículo incorpora el enfoque orientado a la acción
recogido en el Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (MCERL)
y describe, en términos de actuación, lo que en esta deberá ser capaz de
hacer cada alumno o alumna en el idioma extranjero en diversos contextos
comunicativos reales en los que tendrán la oportunidad de desenvolverse
oralmente o por escrito de forma efectiva. El desarrollo y afianzamiento
de esas destrezas de aprendizaje habrán de insertarse en un proceso de
formación, progresivamente autónomo, que ha de continuar a lo largo de
toda la vida. El alumnado de esta etapa ha de intervenir en actos de
comunicación apropiados en diversidad de ámbitos. De entre estos cabría
destacar el de las relaciones sociales, que incluye las relaciones
familiares, las prácticas sociales habituales y las situaciones y acciones
cotidianas propias del contexto escolar; el ámbito educativo, relacionado
con contenidos de la materia y de otras materias del currículo; el de los
medios de comunicación, cuya difusión está cada vez más ligada a las
nuevas tecnologías; y, con las necesarias adaptaciones, el literario.
Asimismo, el aprendizaje de una lengua extranjera ha de contribuir al
desarrollo de actitudes positivas y receptivas hacia otras lenguas y
culturas y, al mismo tiempo, ayudar a mejorar la comprensión y valoración
de la lengua y la cultura propias. Integrando todos estos aspectos, el
currículo de Primera Lengua Extranjera se estructura en torno a
actividades comunicativas, tal y como estas se describen en el MCERL:
comprensión y producción (expresión e interacción) de textos orales y
escritos. Entre los aspectos más formales de la lengua (morfológicos,
léxicos, etc.) que se abordan en todos los niveles, las estructuras
sintáctico-discursivas adquirirán una progresiva complejidad a lo largo de
los dos cursos del Bachillerato a través de los textos seleccionados en
cada caso. Los contenidos están organizados en cuatro grandes bloques, que
se corresponden con las actividades comunicativas citadas