En la actualidad vivimos y participamos de una
revolución permanente fácilmente observable: manejamos una cantidad
ingente de información y una serie de dispositivos tecnológicos que hace
unos pocos años no éramos capaces de imaginar. Esta revolución ha
transformado profundamente la forma en la que vivimos, influyendo
decisivamente en los modos en los que nos enfrentamos a nuestra actividad
laboral o académica, así como en la manera en que nos relacionamos con
otras personas o disfrutamos de nuestro tiempo de ocio personal. Como
consecuencia de todas estas transformaciones, han surgido un conjunto de
nuevas capacidades y habilidades necesarias para desarrollarse e
integrarse en la vida adulta, en una sociedad hiperconectada y en un
constante y creciente cambio. Los alumnos y las alumnas deben estar
preparados para adaptarse a un nuevo mapa de sociedad en transformación.
La materia Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) prepara
al alumnado para desenvolverse en un marco adaptativo, más allá de una
simple alfabetización digital centrada en el manejo de herramientas que
quedarán obsoletas en un corto plazo de tiempo. Es necesario dotar de los
conocimientos, destrezas y aptitudes para facilitar un aprendizaje
permanente a lo largo de la vida, de forma que el alumnado pueda adaptarse
con versatilidad a las demandas que surjan en el campo de las TIC. Día a
día aparecen nuevos dispositivos electrónicos que crean, almacenan,
procesan y transmiten información en tiempo real y permiten a la persona
usuaria estar conectada y controlar en modo remoto diversos dispositivos
en el hogar o el trabajo, creando un escenario muy diferente al de tiempos
pasados. Es imprescindible educar en el uso de herramientas que faciliten
la interacción de los y las jóvenes con su entorno, así como en los
límites éticos y legales que implica su uso. Por otro lado, el alumnado ha
de ser capaz de integrar y vincular estos aprendizajes con otros del resto
de materias, dando coherencia y potenciando el dominio de los mismos. En
Bachillerato, la materia debe ofrecer continuidad a las capacidades
adquiridas en la etapa educativa anterior y proponer la consolidación de
una serie de aspectos tecnológicos indispensables, tanto para la
incorporación a la vida profesional como para proseguir estudios
superiores. En este sentido, es de suma importancia el conocimiento de
cómo funcionan los ordenadores y los sistemas informáticos, y cómo están
diseñados y programados. También es destacable el pensamiento que subyace
en todos los procesos asociados al estudio de esta disciplina y que va más
allá del hardware y el software, ya que proporciona un marco de referencia
en el cual razonar sobre sistemas y problemas proporcionando técnicas para
su análisis, modelado y resolución. Este modo de pensar al que llamamos
pensamiento computacional es el que pone a disposición del alumnado
valiosas habilidades de razonamiento como la lógica, la algoritmia, la
representación mental, la precisión o la abstracción, potenciando su
capacidad de pensamiento y memoria. La habilidad para resolver problemas,
diseñar sistemas y entender la potencialidad y las limitaciones de la
inteligencia humana y artificial, abre para el alumnado nuevas
posibilidades que podrán aplicar en otras disciplinas como la biología, la
química, la lingüística, la psicología, la economía, la estadística, etc.
Esto unido a una mayor comprensión de las tecnologías basadas en
ordenadores hará que nuestro alumnado se desenvuelva mejor en la sociedad
actual pero a la vez lo preparará para un mundo que aún no existe, y que
traerá consigo desafíos técnicos y éticos que desconocemos. Se trata
además de una materia práctica, que fomenta la invención y el ingenio, que
favorece que el alumnado aplique los principios académicos que ha
aprendido para la comprensión de sistemas del mundo real, y le orienta
hacia la creación de artefactos y dispositivos para fines específicos, lo
que la convierte en una materia extraordinariamente útil e intensamente
creativa.